dijous, 10 de desembre de 2009

se quitó la ropa sueña con despertar .



















Tu dedo bajaba lentamente por mi espalda, resiguiendo el perfil invisible de mi columna mientras mordías mi hombro. Mi pelo hacía atrás y la vista al cielo. Lo deseado, lo prohibido, lo anhelado.

La nada. Mirar al horizonte con el mar delante. Tranquilidad. Indiferencia. La calma rota por una ola que aunque es perfecta, te hace salir de golpe de la tranquilidad. Te ahogas en el agua y no te puedes levantar. ¿Un abrazo? Demasiado difícil. ¿Un beso? Sin ganas, para entretener la boca.

Suena el despertador y todo sigue igual. La tenue luz atraviesa mi habitación. De golpe es de día, y te das cuenta de que por mucho que el tiempo pase, los dedos pueden seguir bajando por la espalda y al día siguiente encontrarte de frente al mar.

El amanecer, el crepúsculo, las luces de la noche que te hacen sentir especial. Los cafés de media tarde, el sol entre tu pelo.

Y vuelves al principio, cuando las gotas de agua empiezan a deslizarse por el pelo y acaban en los pies.

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