dimecres, 21 d’octubre de 2009
























Me questioné que número era en una lista de visitantes. Así de simple, y así de cruel. No sabía si era un número bajo, o un número alto, pero las apuestas decían que era lo segundo.

Y pensé en mi lista de la compra, en la primera vez que me regalaron una sonrisa por solo dar mi presencia, en la primera vez que me robaron, en la primera vez que me tocó el premio gordo. Y realmente me daba igual tener el número 1, o el número 40, porqué aunque la cola para comprar sea larga, a veces vale la pena por las histórias que encuentras por el camino, por todo eso que recojes, que das, y al fin y al cabo. ¿No estamos constantemente en una lista? En el colegio, en el médico, en las tiendas, en el autobús..

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