dimecres, 22 de setembre de 2010















Cuando besarse era un juego de niños, cuando besarse solo implicaba eso, un beso. Cuando sin saber porqué un día eso cambió. Algo cambió las leyes de la humanidad y con ello las leyes de tu mundo.

De repente besarse pasa a ser un compromiso, un contrato oral que cuando se quiere romper duele. De repente pasa a significar algo que es difícil de romper, algo enganchado con masilla, con pegamento loctite.

Y de golpe es adictivo y tiene un fondo blanco acompañado de destellos azules, y hay abrazos. Y te sientes como en un juego de niños, otra vez.

Hay una cara que todos conocemos, la de quien recibe un beso. Es una cara que contiene una eterna parálisis. De pronto se convierte en un instante congelado, más prolongado, en apariencia, de lo que dura realmente ; un instante ajeno que no podemos dejar de mirar también por un lapso de tiempo más largo de lo que creemos.

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