dijous, 9 de setembre de 2010






Decidí no darle importancia y empezar a caminar. El cielo era del mismo color que el suelo, blanco, apagado y vivo. Los peatones habían tomado la carretera, los coches no se atrevían a conducir. A mi derecha una niña que lleva un gorro rosa y una bufanda que solo le deja entrever los ojos, la versión fina de un esquimal. Delante, a diez metros de mi, un señor en contra dirección con un paraguas que cree que la calle es suya. Pero aunque decidí no darle importancia no podía evitar dársela, no cada día se ven estampas así en el mundo.

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