dimecres, 24 de febrer de 2010















Parecía perfecto. Era simple y estaba en armonía. Blanco con negro, café con leche.

Era débil, nunca lo había visto de una forma tan dócil, tan humana, tan sencilla. Me enterneció ( si es que eso existe). Me dijo que tenía planes, que quería una vida conmigo, que me quería conocer, que quería despertar a mi lado cada día. Yo no dije nada.

Aparecía en los momentos menos oportunos, como si de un remordimiento se tratara, como si fuera aquella voz de la conciencia que nunca(o siempre) tube. Era rubio, alto, con las espaldas altas, pálido, frío(aunque me hiciera entrar en calor), era suave, era aparentemente mío.

Jugué a no perderlo, a coger esa oportunidad, jugué a dejar de jugar.

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