diumenge, 21 de febrer de 2010



















Apenas pude sentir el roce de sus labios cuando ya había desvanecido. Eran las tres y media de la madrugada y hacía frío, eran las tres y media de la mañana y no podía dejar de sentir que al llegar a casa aún me sentiría más frío. Pensé en llamar a alguien, pero no quería estorbar a nadie un sábado a esas horas de la noche, o podríamos decir un domingo a esas horas de la madrugada, pero eso da igual.

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