dissabte, 13 de febrer de 2010






















Odio esos momentos. No es que odie que me digan cosas bonitas, es que no sé que contestar. Siempre he pensado que en esos momentos queda bien besar a la persona que te lo dice, pero en estos casos no es oportuno por que después de un beso se espera mucho más de ti, se espera un compromiso, se espera una fidelidad, se esperan demasiadas cosas que nunca se me han dado demasiado bien. Albert era majo, era delgado, tenía los dientes y la sonrisa bonitos, las manos finas, era inteligente. Pero no era para mí. Se puede decir que era todo lo que podía pedir en un hombre, pero yo anhelaba la libertad. La verdad es que anhelaba el amor, pero me daba tanto miedo que nunca nadie me parecía suficiente para mí. Me daba miedo despertarme un día y no conocerme, despertarme un día y no conocer a la persona con la que comparto la vida.

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