dimecres, 17 de febrer de 2010


















El cocodrilo se llamaba Adolfo y era rojo. Esa misma tarde lo tiré a la basura. Adolfo había sido resultado de una relación nefasta que había tenido años antes. El chico se llamaba Hugo, y era un completo inútil. En su vida no había hecho nada de provecho y quería hacerme ver que él era lo mejor para mi e hundirme en su miseria. La verdad es que aún no entiendo por qué Adolfo seguía en el armario, pero supongo que un cocodrilo rojo siempre causa simpatía a todo el mundo.

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