dilluns, 18 de maig de 2009




















Soñé que venias a buscarme, a mi, a tu misera criada. Soñé que dejabas a tu princesa atrás, allí en su castillo y que nos ibamos lejos de tu gran reinado para vivir en paz perdidos en las montañas, como fugitivos, como Dios nos trajo al mundo.

Creía que el amor era verdadero, que los ratones de la cocina en realidad eran caballos, creía que el cuento de la cenicienta sería esta vez para mi. Creía que todo era ocasionado por mis agitadas hormonas, creía que todo era pasajero y vulgar. Pero cada vez que veía pasar al principe me sonrojaba y tan solo queria acercarme a él, besarlo sin importar la gente de la riqueza y los plebeyos que nos pudieran llegar a ver.

Pero cada noche, me sentaba en una esquina de mi cama a mirar por la ventana, esperando a que treparas por ella y me dijieras que me querias, o que me odiabas, eso daba igual, pero que terminaras con esto. Pero solo quedo un pensamiento en mi cabeza. Para siempre jamás

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