dimarts, 14 de juliol de 2009




















No es que la idea no me gustara, es que había decidido avanzar. Tenía que buscar un plan, quizá encontrar un atajo, o esta vez ir por el camino lento y pasar por miles de aventuras. No es que lo viejo no me gustara, pero había averiguado que con lo nuevo todo podia ser mucho mejor, como cuando de golpe descubres un helado con un gusto nuevo y no puedes parar de comerlo.

Era adicta a los pequeños placeres, odiaba el chocolate, odiaba las aceitunas, tenía un monton de manías. Y todo eso aún no ha cambiado. Pero por otra parte ahora disfruto con las tormentas, me gusta sentir el agua en mi faz y las gotas caíendo por el interior de mi jersei.

Salí a la terraza, y tansolo encontré una tormenta sin agua. Sólo rayos y truenos. No era extraño, aunque pudiera decir que sí. Era un fenomeno extraño de la naturaleza. Empezaron a caer gotas de la nada, sentí miedo, solo era questión del azar quedar fulminada con un rayo de luz divino, decidí entrar, volver a la monotonia, pero ahora con la luz y la televisión apagadas. Demasiadas cosas a explicar en un espacio muy pequeño y con unas capacidades limitadas. No podia parar de ver como la luz se veía reflejada en mi armario, como veía destellos en mis dedos y como de golpe nada era oscuro, todo lo veía claro.


Estirada en la cama, tocandome suavemente la barriga, todo era distinto. Había tranquilidad y angústia, amor y odio, deseo y paz. Y lo mejor de todo es que no podia decir que amara a nadie.

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