dimecres, 22 de juliol de 2009
















Al entrar al agua, conocí el mar. Él me tenía en sus brazos, yo estaba sobre su mojado hombro, y con mucho miedo, lo miré a los ojos, y sin darme cuenta estaba conociendo el mar.

No era azul, no verde, ni marrón. Lo veía de color rojo, amarillo, rosa, lila, blanco, negro, naranja, era una explosión de colores. Y me pregunté: ¿Y por qué no? Al fin y al cabo el agua es transparente, todo depende de lo que le pongas debajo.

El día terminó, y cada vez que voy a la playa, intento volver a buscar el mar. No el mar como se puede observar desde la arena, no el mar que puedo estar viendo ahora desde mi balcón, sino el mar que me dio esa explosión extraña de adrenalina y felizidad.

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