diumenge, 30 de gener de 2011















Bajo aquella sabana te protegías del mundo, de los fantasmas, de los ladrones y de los psicópatas que atacaban por la noche. Tenías montado un mundo que nunca se iba a derrumbar, que nunca iba a dejarte caer. Almenos no te iba a dejar caer más abajo de lo que ya habías caído.

Pero dejaste caer el muro, y empezaste a ser débil. Empezaba a entrar la luz por ese muro poco a poco invisible. Y dejaron de existir las sábanas para que te empezara a cubrir la piel. Los abrazos a media noche que te hacían sentir protegida a la vez que frágil.

dimecres, 19 de gener de 2011



















Entró por la derecha, como siempre, y me miro con indiferencia. Había pasado mucho tiempo desde que Nai era feliz. Algo había cambiado en él. Se acercó con la misma mirada y me dijo suavemente que yo sabía porque todo había sido así.

No os engañare y os diré la verdad. Evidentemente que sabia cual era el motivo. La primera vez que oí su nombre no había nadie más, eramos él y yo en el mundo. Y no sabía que hacer, no sabía que decirle para hacerle entender todo lo que pasaba. Y de golpe desapareció, y empecé a recorrer carreteras como si no hubiera nada más. Empecé a ver mundo porque era lo que siempre había soñado. Pero lo echaba de menos, echaba de menos la compañía después de tanto tiempo sin ver a nadie. Y un día de golpe y porrazo, sin saber porqué volvió a aparecer con esa mirada de indiferencia, como si realmente ya no existiera en este mundo.

-Solo tú sabes porque me he vuelto transparente.

diumenge, 16 de gener de 2011

Dime una cosa.





Cuando eran las cinco de la mañana me desperté, sin hacer ruido, y fui a la cocina. Me subí encima del taburete y abrí el armario de arriba, donde guardaba un paquete de cigarrillos que había sido abierto hacía mucho tiempo. Busqué un mechero y fracasé en el intento así que me vi obligada a encenderlo con el fuego de la cocina (me acordé del día que mi madre me convenció para no poner vitrocerámica ), inspiré hondo y deje que fluyeran las ideas. Salí al balcón, con mi batín blanco y sin zapatillas, me senté y creo que estuve allí durante dos horas, mirando el cielo, mirando donde terminaba el edificio de delante y empezaban las antenas de los demás. Cuando noté unas manos calientes en mi cara me asusté y a la vez sonreí. No me sentía incómoda, ya había aprendido a dominar ese tipo de situaciones. Leo me besó en la frente y con la mirada me hizo entrar otra vez. Nos sentamos en el sofá y me calentó los pies. Lo besé, como nunca había besado antes a nadie, con pasión, y con un intento de amor.

Creo que eran casi las ocho cuando mis ojos al fin cayeron, lo último que recuerdo son los rayos de sol que entraban por la ventana y el olor de Leo.

página 28, primer parágrafo.

diumenge, 2 de gener de 2011



















Ed.