diumenge, 16 de gener de 2011

Dime una cosa.





Cuando eran las cinco de la mañana me desperté, sin hacer ruido, y fui a la cocina. Me subí encima del taburete y abrí el armario de arriba, donde guardaba un paquete de cigarrillos que había sido abierto hacía mucho tiempo. Busqué un mechero y fracasé en el intento así que me vi obligada a encenderlo con el fuego de la cocina (me acordé del día que mi madre me convenció para no poner vitrocerámica ), inspiré hondo y deje que fluyeran las ideas. Salí al balcón, con mi batín blanco y sin zapatillas, me senté y creo que estuve allí durante dos horas, mirando el cielo, mirando donde terminaba el edificio de delante y empezaban las antenas de los demás. Cuando noté unas manos calientes en mi cara me asusté y a la vez sonreí. No me sentía incómoda, ya había aprendido a dominar ese tipo de situaciones. Leo me besó en la frente y con la mirada me hizo entrar otra vez. Nos sentamos en el sofá y me calentó los pies. Lo besé, como nunca había besado antes a nadie, con pasión, y con un intento de amor.

Creo que eran casi las ocho cuando mis ojos al fin cayeron, lo último que recuerdo son los rayos de sol que entraban por la ventana y el olor de Leo.

página 28, primer parágrafo.

3 comentaris:

  1. dios mío, es precioso :)
    me encanta la última frase del primer párrafo :D
    ojalá y eso dure para siempre.
    Un beso!

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  2. Muchas gracias por la información psicologa!! jaja me alegro de que sea normal empezaba a preocuparme! Un texto precioso! Muchos besos.
    P.D: resulta que hace poco que me fui de barcelona y soy catalana, así que alguna mención debia haber!

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  3. Precioso, además este texto me trae muchisimos recuerdos !

    Un abrazo! :)

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