dimecres, 15 de desembre de 2010



















Esa sensación máxima de no poder aspirar a más, porque has llegado a la perfección, porque después de ese momento, ya no hay nada más. Nada que se le pueda parecer. Las notas que te fascinan como un niño descubriendo cosas nuevas. El golpe de un triangulo, el sonido de una bolsa rompiendo el aire. Voces aspiradas y voces en potencia. Yo y el mundo, y nadie más.

Las luces me sonríen, al igual que el universo. Mi piel que se estremece y hace que algo dentro de mí, de mi cabeza, y me haga sonreír.

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