dissabte, 18 d’abril de 2009















“Soy yo, otra vez, pero ahora con un placer minúsculo enorme por encima mio. Tengo millones de constelaciones sobre mi cabeza, una preciosa luna llena que deslumbra los ojos de cualquier mortal que la esté observando ahora mismo. El mundo ha echo un regalo a la humanidad haciendo que hoy no haya ni una sola nube en el firmamento. Creo que lo único que falla esta noche son las luces de mi ciudad. Creo que si alargo la mano, quizá... solo quizá alcance la luna.”

Pasa las horas tontamente contemplando la inmensidad que tiene sobre sus hombros, en el horizonte empieza aparecer un gigante que destroza todo lo que estaba viendo, el Sol, gran enemigo de todo hombre cuando ha de ir a trabajar. Es lunes, no ha dormido, y las casualidades de las últimas horas no le dejan pensar en otra cosa que no sea en volver a montar toda su vida, le entran ganas de llorar, se envuelve en si mismo y se estira sobre el helado suelo. Las calientes lágrimas queman su rostro poco a poco, tiene mucho frío. Nai se siente profundamente perdido, no tiene a nadie, no hay nadie con quien volver a empezar a sonreír, todo el mundo se ha ido, y no cree que nunca más vuelvan esas personas, esas estupendas y ahora tan lejanas personas. De golpe le da al play.

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